domingo, 7 de octubre de 2012

Fragmento de Chubasco (Cielo Latini)

CHUBASCO: 
           Es un tipo de precipitación que se caracteriza porque sobreviene bruscamente y termina con la misma rapidez. Puede ocurrir en forma de nieve, de agua, granizo, etc.
           Los chubascos son consecuencia de una discontinuidad local que existe en el estado de la atmósfera. Suelen producirse con buen tiempo en las horas más calurosas del día y dan lugar a la formación de cumulonimbus. Cesan al llegar la noche.

            Cambiamos "precipitación" por "hombre" y entendemos todo.

[...]


                                                                                                             Chubasquera

          Santina dice que mis hombres son chubascos. Vienen, me ennegrecen la vida, me ponen de mal humor, me llueven un poco en la cabeza y después se van. Uno pensaría que después de tanta lluvia sale el sol, pero no. Si algo aprendí a través de los años es esto: a un chubasco siempre, sin remedio, le sigue otro.

          SANTINA: boluda, dejá de llamarlo.
         
          JARI: ¡pero me gusta! Y por fin alguien me trata bien, alguien me llama a la noche para que duerma bien, alguien me abraza cuando vamos al cine, alguien espera los cuarenta y cinco minutos que tardo en arreglarme...

          SANTINA: es un chubasco

          JARI: ¿un qué?

          SANTINA: otro chubasco. ¿Tomás Mora? Chubasco. ¿Enrique Soto? Chubasco. ¿Martín Fornella? Chubasco.

          JARI: ¿qué decís?

          SANTINA: que sos una chubasquera. Te gustan los tipos que vienen, te mojan y se van.

          JARI: te juro que esta vez no es así
       
          SANTINA: dale, pero cuando todo se te ponga gris y te mojes, y para variar no estés preparada con paraguas, te vas a acordar de mí y, obvio, va a ser tarde.

          JARI: envidiosa de porquería

          SANTINA: chubasquera.

My best friend


Alguna vez en mi vida decidí que era hora de ser feliz y me digné a hacer un cambio gigantesco. De leer libros pasé a maquillarme y a participar en salas de chat con flacos más grandes que yo (y flacas, por supuesto). Obviamente, la tenían más clara y me tomaban de estúpida; me parecía algo realmente innecesario, ellos no sabían mi historia, no sabían mis metas. En fin, no sabían nada.
El teléfono empezó a sonar cada vez más; amigas, chicos, amigas, chicos. Me volví una fracasada importante, caminé (y aún camino) al borde del abismo sin darme cuenta.
Todos me decían “¡qué cambiada que estás!” y con mi mejor prepotencia, respondía que no, que estaban equivocados. Claro, yo me creía perfecta y por ende, el ser más hermoso de este planeta; cualquier otro imbécil era inferior a mí. Yo era suprema, era una diosa, una princesa, una reina y nadie podía superar eso.
En aquellas salas de chat en las que participaba, tomé una decisión: contaría mi historia. Mis experiencias pasadas se volverían conocidas y al fin sería respetada, tratada como una verdadera diosa.
Agrupé a muchos amigos y no amigos míos en una misma conversación y empecé (fragmento):
Ustedes no me respetan y yo los trato bien cada vez que inicio una conversación.
No saben mis porqués, no saben mis metas y aún así me tratan como una basura.
Sufro de depresión, busco compresión y no me importa si es virtual, la necesito porque nadie me entiende. Si no, ¿por qué estaría acá intentando –absurdamente- de hacer amistades? Piénselo.
Les voy a contar mi historia, ahora, si después de eso no me quieren hablar porque me consideran una enferma, háganlo. Tienen un pase libre para esto, pero no me gusta que juzguen por un simple número llamado edad.
(…)

Después de tanta historia, tantas palabras, tantas comas y puntos, dejé que sus dedos empezaran a escribir. Me di cuenta que en esos lugares cada uno se presentaba y se describía, daba sus porqués, sus causas y tenías súbditos cibernéticos que te leían con atención (y quizás con la boca abierta).
Me dijeron que estaba muy lastimada y que sufría mucho. ¿En serio? No me digas porque yo no vivo mi propia vida.
Días después, decidí conectarme para ver cómo marchaba todo ahí. Me gustaba ser el centro de la atención, el porqué de las preguntas.
No pasaron ni cinco minutos y muchas ventanas de chat se abrieron. “Hola, ¿estás mejor? Te extrañábamos” esos eran los mensajes que recibía.
Decidí que tenía que decir la verdad; quiero decir, dije que no, que no estaba bien y que jamás lo estaría. Que mi vida era un infierno y yo caminaba, corría y saltaba al borde de un abismo sin fin. No sé cómo pretendían que estuviera mejor en ese estado.
Muchísimos de mis amigos y conocidos de esas salas, se pusieron de acuerdo y me hablaron en conjunto. Quisieron ayudarme y no me negué, después de todo, amigos como esos eran como el oxígeno; indispensables.
Les di mi número de celular y les dije con tranquilidad que podían llamar cuando quisieran y mandar mensajes a cualquier hora.
Así pasó el tiempo y nos convertimos en un gran grupo de amigos que salía por las noches de los fines de semana. La pasaba bien, demasiado bien, de tal manera que me olvidaba de todo, de lo que pasaba en casa y adentro mío con mis emociones. Pero claro, los buenos momentos duran muy poco; horas después (que me resultaron segundos) me encontré en un taxi yendo a casa. Volvería a aguantarme los gritos de papá, los llantos de mamá, las caras de “no entiendo una mierda” de mis hermanos, a la insoportable de la mucama. En fin, volvería al infierno de todos los días.
No quise parar el tiempo y lo dejé pasar, pasaba lento y a veces rápido; me encontré viviendo sola y con una sonrisa de oreja a oreja. Ahora hacía lo que quería, así que pasaba veinte horas en las salas de chat y atendiendo los llamados diarios de los que ahora eran mis mejores amigos.
Poco tiempo después, quizás en pocas horas, me encontré otra vez con mi amiga la depresión. Ella, firme, decidió quedarse conmigo para comerme completamente y así lo hace.
Aún vivo sola, pero a la vez no; te tengo, tengo depresión y me quedo en la cama disfrutándola… sufriéndola.

Dicen (dicen) que soy absurda. Que nunca voy a ser alguien… y así estoy. Yo no sé quién soy, no sé mi nombre y prácticamente vivo en la nada.
Yo amé, yo odié. Yo respiré, yo no respiré. Hice muchísimas cosas pero nadie las nota, nadie, nadie, nadie…
Me enamoré y sufrí. Hice amistades pero una vez más dijeron que yo era el centro de atracción por mis brazos, por mi flacura o por mi gordura, por mis ojeras, por mi palidez. Por aquello, por lo otro. Y con el tiempo, los seres que más quise, me demostraron que yo soy tan absurda como insuficiente; nunca voy a ser lo suficientemente buena,  nunca voy a ser esto, nunca voy a ser aquello. Y acá estoy, soy una bolsa de basura vacía. Me llenaron y yo me quité toda esa porquería pero jamás cambié porque sé que siempre hay que ser uno mismo; y lo soy. Soy una estúpida bolsa de basura y no lo puedo cambiar.
Por más que me saque toda la mierda, por más que la vomite, por más que la deje caer, así soy y así seré.
Una vez más, me pregunto para qué vine al mundo. No sé, nadie me quiso salvar de nada, dejaron que corriera riesgos, nunca nadie me dio nada pero yo di todo. Quizás si me dieron de todo pero eran cosas que yo no necesitaba.
No necesito un iPod lleno de música, de vida. Eso no me hace feliz. Necesito atención de cualquiera, de cualquier imbécil de la calle que me mire. Tan muerta y tan joven…
Alguna vez me dijeron que la vida era un rompecabezas y que las experiencias eran las piezas; se iban complementando una por una, y cuando el rompecabezas se terminaba, quería decir que era el fin. El fin de la vida o de tu muerte, porque, a decir verdad, yo estoy muerta en vida. Aún siento. Siento las peores cosas pero siento y eso es algo que no quiero.
Hace un mes que no salgo a ningún lado, ni siquiera al kiosco. Tengo hambre, pero me la aguanto. ¿Por qué? Necesito, quiero, morirme. Pienso que la vida es absurda y por eso a mí me califican como tal. Si la vida para mí es absurda, yo voy a serlo también.
Hay mucha comida, pero no quiero nada. Todo me tienta, parece que la comida hablara pero yo intento ignorarla… y eso da sus frutos.
Nunca, jamás, lloraron por mí y por eso pienso que la gente cree que es lo más importante.
Me siento estúpida porque para mí yo no soy importante… supongo que si empezara a creer eso tendría la base perfecta de la felicidad…
"Todos tenemos un Alejo, dice Cielo en Abzurdah. Y es cierto, todos tenemos una debilidad... pero algunos tenemos también una persona dispuesta a aprovecharse de esa debilidad."

sábado, 6 de octubre de 2012

Dos meses

Hace dos meses y algunos más me hacés feliz. Me hacés sentir mariposas en el estómago y no sé por qué no me molestan. Sos todo para mí, no te quiero dejar nunca y no quiero que me dejes.
Sos increíblemente increíble, a veces pienso si sos real o estoy drogadísima. 
¿Qué haría yo sin vos? No sé. Al ver las cosas ahora, al verlas así, tan bien, pienso que sería lo contrario y estaría en el psiquiatra con mis queridos anti-depresivos. 
Me salvaste, necesitaba que alguien llenara ese vacío grandísimo en mí y apareciste. Con tu heavy metal, con tu simpatía, con tu cariño... me ganaste y te volviste mi debilidad.
No quiero que jamás te pase nada, no sé qué sería de mí sin vos. Sin el amor de mi vida, sin él, sola. 
Con todo mi amor más muerto, con mi amor más profundo, así te amo y lo voy a hacer.
En dos meses que pasaron volando me demostraste que sos una persona casi irreal de tan bueno que sos. 
Me encanta abrazarte, me encanta que me abraces. Sos lo más lindo que tengo, sos mi debilidad, sos mi oxígeno, sos el amor de mi vida y no me quiero alejar de vos pase lo que pase.
Por vos y con vos hago cualquier cosa, lo que sea. Lo peor que te imagines, lo más atípico, yo lo hago. 
Cada día que pasa te amo más a la par que te necesito más. Sos mi droga, sos mi adicción, mi obsesión, mi todo. Cada parte de mí sos vos. 
El día que te vea llorar por lo que sea, acordate que voy a estar ahí para secarte las lágrimas y para ser yo quien te haga reír.
Gracias por existir, gracias por estar conmigo. 
Te amo, te amo, te amo, te amo. Nunca me dejés, nunca te voy a dejar pendejito.
Sos lo más hermoso que existe, lo más bueno, lo más encantador. 
¡Te amo muchísimo! Te amo más que a mi vida.

Me cansé

Ya no me importa nada de vos. Me demostraste un orgullo interminable de tu parte, me di cuenta de que ya no me necesitás para nada y yo tampoco te necesito a vos.
Me lo demostraste, me lo hiciste ver: yo ya no te necesito.
Me cansé de hablarte a pesar de todo, de ayudarte, de aconsejarte, me cansé, me cansé y me cansé.
Si querés morirte, hacelo. Si querés cortarte, hacelo. Hacé lo que quieras, lo que se te plazca. Cuando me busqués para algún estúpido consejo, no voy a estar.
No me busqués porque yo ya no te voy a buscar a vos. No necesito ni un simple "hola" desanimado y orgulloso.
Ya tengo hombros que me van a aguantar para cuando llore, ya tengo una boca que me de consejos, lo tengo todo. 
Una vez más, hacé lo que quieras; ¿querés comer? Comé. ¿No querés comer? No comas. ¿Extrañás a alguien? Extrañalo. ¿Te cortás? Cortate. 
Pero olvidate de mí, no me nombres nunca más porque yo ya me fui. Me habré muerto, pero reviví. 
Gracias.
Rocío hacé lo que quieras. Si te querés suicidar, hacelo. Si te querés desangrar cortándote las muñecas, hacelo.
Malena ya no está, para vos ya no existo.