miércoles, 24 de octubre de 2012

Sinceramente... no me entiendo.


Siento que me vuelvo a morir. Siento que las lágrimas vuelven a mí.
No quería esto, ¿cómo llegué hasta acá? Siento una ceguera sin fin, eterna, que me va a carcomer.
Uno puede morir de depresión y siento que ese es mi destino. Un amor como vos me puede salvar, me puede hacer feliz pero nunca me voy a olvidar de la estúpida frase “nada es para siempre” aunque sé más que bien que jamás te voy a olvidar. Vas a vivir siempre, siempre, absolutamente siempre en mí.
Lo único que te pido, y no sé si es lo último, es que seas bueno conmigo. Que seas amable, porque todo el mundo te trata de una manera muy justa. Pensá en mí y pensá en todo lo que te amo.
Al fin y al cabo, me di cuenta que dependo de vos. Sos como un órgano vital y por ende, no te pueden sacar de mí…
Me siento una estúpida, me preocupo por estupideces… pero, ¿ves? Te amo, y lo que menos quiero es perderte. Evito la pérdida cada día, la esquivo y casi nunca pienso en ella… ahora, ¿qué hago? Es mi único pensamiento, y no sé si estoy acertando o estoy completamente equivocada…
Espero, con ansias, estar equivocada y que este sea un simple error, otra estupidez de mi parte…
Una parte de mí dice “él no es así. Sabés más que bien que es incapaz de hacer algo así y sabés que es capaz de explicártelo” y esa parte de mí, es la más grande…
                                                  
              Anyway, te amo. Te voy a amar siempre a pesar de lo que puede llegar a pasar. Sé que me va a doler, va a ser un dolor dulce quizás, pero viene de vos y todo lo que venga de vos lo amo y lo quiero en mí… 

martes, 23 de octubre de 2012

No sé

No sé y no quiero saber. Duele que te cuenten realidades, ninguna es mejor que otra; todas me hieren.
No puedo evitar las lágrimas, la soledad y ése vacío que hace tanto que no sentía.
No sé si llorar o ponerme en hija de puta, no sé.
Siento que yo no tengo valor sentimental. Al fin y al cabo, siempre lo supe. Siempre me van a destrozar, siempre voy a ser débil.
Me mostraste muchas cosas que son verdad, te amo y no quiero perderte. Así que acá estoy y conmigo podés hacer lo que querés cuando querés.
Voy a dejar que me lastimes, que me hagas feliz. No te voy a dar a elegir, mezclá ambas cosas, no sé, pero conmigo podés hacer lo que quieras.
No puedo evitar esta obsesión, no puedo evitar una sobredosis de vos. Y tranquilamente te digo, te escribo, te afirmo que soy tu muñeca.

Victoria.

Victoria. Ella... ella es una amiga. Una mina que tiene los huevos muy bien puestos, una mina que se aguantó el dolor de un corte, pero disfrutó del placer de tal situación, una mina que salió carraspeando, pero se la aguantó.

Yo soy su cronista y también soy su psicóloga.

-Vicky, ¿cómo estás? 
-Bien, un poco mejor.

Y así, aumentan mis esperanzas de que ella siga en la canoa, que salga de ese mar de oscuras aguas para llegar a un paraíso de felicidad a pesar de las caídas que cualquiera tiene.

Ya me la imagino con hijos adoptados (¿qué es lo malo de esto? Nada), con sus apuntes de la facultad de letras, o quizás ya toda una mujer con sus estudios ya terminados.
Imagino que la encuentro por la calle, un día en el que un sol abrasador nos envuelve, y ya nada es como antes; ya no hay vómitos y ya no hay cortes, es una mujer valiente que no le tiene miedo al mañana. Y no hay un estúpido Agustín haciéndola sufrir.

Lo sabía más que bien, sabía que me estaba enredando en mí misma y que tenía que parar.
Me quedaba hasta altas horas de la madrugada aferrada al monitor con los ojos enrojecidos y las lágrimas pidiendo a gritos, salir.
Creaba historias inciertas, ese sentimiento de extrema soledad volvía, quería llorar y no quería comer. Me sentía mal conmigo misma, me sentía una imbécil dependiente. Y así, me di cuenta que Él es mi oxígeno, es mi corazón, es el dios en el que nunca creí, pero ahora sí estaba dispuesta a hacerlo.
Me di cuenta que yo era capaz de entregar mi oxígeno, de morir por Él. No quería lastimarlo pero sí iba a dejar que Él lo hiciera. Yo era, soy y seré su muñeca. Conmigo puede hacer lo que quiera porque yo me voy a dejar.
Me salvó de muchas cosas y se las agradecí, pero me parece insuficiente y por eso, repito, hace ya mucho tiempo me entregué a Él. No importa si me quiere matar, soy suya y conmigo tiene el derecho consagrado de hacer lo que se le plazca.
Si me quiere dar depresión, que me la dé. La voy a disfrutar quizás, porque viene de Él.
Puede darme hijos, pérdidas, lastimarme, cortarme, pero no cabe duda alguna que yo le pertenezco.
Soy intocable e invisible para los demás, pero para Él estuve, estoy y estaré para siempre.
No me dejo tocar si no es por Él. No me dejo besar si no es por Él y ya no voy a dejar que me abracen si su abrazo no es de Él.
Hoy, soy como su barbie. Soy su muñequito suicida, no sé quién soy pero sé que soy de Él. Mis cicatrices, por más que no las haya hecho Él, son de Él y las puede curar o abrir.

viernes, 19 de octubre de 2012

Fear

El miedo nunca te deja disfrutar.
A veces, antes de dormirme y cuando me baño, me pongo a pensar: ¿qué sería si él y yo...? Y ahora, me formulé esta pregunta: ¿que sería si él y yo terminamos siendo mejores amigos en vez algo amoroso?
Me imaginé que un día, quizás, seas vos el que me diga "Male, cuidate. Te quiero." que seas vos el que me de consejos y me hable de su novia nueva, etcétera...
De todas formas, siempre te voy a amar porque sos parte de mí.

Without you

Todos tienen la capacidad de lastimarte. Y siempre, siempre, siempre, usan su felicidad. Sus motivos de sus risas.
Después, por sus tan hirientes palabras, uno termina vomitando lo que comió, desangrándose o con las costillas a flor de piel.
Eso pasa cuando nos falta ese alguien. A veces, ese alguien, se queda en un punto fijo mirando al cielo, de día, de tarde, de noche. Y de esa manera, nunca llegan. Uno lo piensa, uno sabe que jamás va a llegar el día en el que sea feliz de nuevo, y así pasa.
Después, llegan los mensajes. Esos mensajes de mierda que te mandan para que llores como una perra: "tengo novia", "ya no te necesito", etcétera. Pero en lo que menos piensan es en cómo la estamos pasando; lloramos hasta quedarnos dormidos, pensamos cómo suicidarnos y con qué, escribimos lo que sentimos (mierda) y empezamos con las cartas de suicidio.
Uno ve tan feliz a su familia porque fingimos las mejores sonrisas, pero detrás de esa sonrisa tan grande, estamos muriendo. Ya ni siquiera podemos hablar, porque al decir apenas una letra, soltamos lágrimas.
Somos de esos que lloran un río, pero jamás construyen el puente. Quizás sí construyen el puente, pero son inseguros de lo que hay después. Pensamos que después de cruzarlo no encontramos lo que queremos. A esa persona, o un mundo de colores y alegrías. Pero no, no es así a veces. Capaz que seguimos en el mismo inodoro, arrodillados ahí y salimos con carraspera. Con las costillas, muñecas, huesos coxales y clavículas a flor de piel.
¿Tanto cuesta pensar en una persona?, ¿tanto cuesta preguntarle "¿cómo estás?" aunque no sea lo que quieran? ¿Tanto cuesta ir a verla, abrazarla y sentir que los huesos cobraron vida propia y están saliéndose del cuerpo?