Hoy soy una mina feliz.
Siento que ya no soy la pre-adolescente miserable e hipócrita.
Ya no soy la vulgar fotocopia del fracaso, ya no soy una lágrima o una gota de sangre derramada por un ojo... quizá, también un brazo.
Hoy, puedo decir que soy la psicóloga de muchísima gente y que me encanta ayudarlos, tener esa oportunidad de decirles que las cicatrices te representan por más invisibles que sean a veces.
Hoy, tengo a un pendejo increíble al lado mío. No sé si es real, no sé si estoy alucinando, pero sé que él es todo de mí. Él es parte de mí y yo soy parte de él.
Las cicatrices existen en mí, son esas que demostraron que pude salir adelante. No lo hice sola, mis viejos y el amor de mi vida me ayudaron. Primero, ellos: mamá y papá, después, mi novio; el que me diría que soy hermosa, perfecta y buena. No sé cómo estoy acá con mis antiguos pensamientos psicópatas, mis ganas de dejar de existir y mi eterna tristeza.
A los once años, llegando a los doce, me ahogué en un profundo mar de lágrimas. Una corriente, me carcomía, y cuando ya casi dejaba de existir, alguien me salvó.
Soy linda. Por dentro tengo dos pulmones, un estómago, un hígado, tripas, pero mi personalidad es linda y físicamente también lo soy.
No estoy sola, estoy acá. Estoy viva, me salvaron, por más que a veces llore por estupideces, estoy viva. Más que viva.
A todas esas chicas, a esas chicas que se cortan, que vomitan, que aman sus huesos: linda no es flaca y fea no es gorda.
Que tus huesos se noten a flor de piel no son sinónimo de perfección.
La perfección está fuera de las etiquetas, fuera de Ana y Mía. Las personas, tanto hombres como mujeres, somos perfectos cuando somos nosotros y no unos flacuchos débiles de por ahí. Así logramos disfrazarnos de otra persona, de Ana. Y yo, y ustedes, y ellos, no son Ana.
¿Quién es Ana y en dónde está? Ana no existe, Ana es la anorexia mal llamada.
Todos aquellos que tienen los huevos bien puestos como para ponernos etiquetas, son los que no pueden llorar, entonces quieren ver a los demás hacer lo que ellos no pueden.
miércoles, 17 de octubre de 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
Unhappy birthday?
Me prometí que no te volvería a escribir. En ningún lado, chat o blog. Pero hoy es un día especial para vos.
Voy a hacer lo que solía hacer, como en los viejos tiempos. Te voy a escribir algo tan lindo como feo, tan crudo como fantasioso.
Acá va:
Rocío: hay veces que las cosas toman un lugar permanente. En un ambiente, en una persona... vos hiciste eso conmigo. Acá te tengo y se me hace imposible la idea de tener que olvidarte. Fuiste muy, muy, muy, muy especial para mí. Siempre fuiste buena persona, dispuesta a ayudarme y a darme fuerzas.
Pasamos cumpleaños juntas, correteando, jugando...
No me olvido más de aquel día en el que fuimos a jugar al quemado a la cancha de en frente de tu casa... 2010... fue en el año 2010.
El tiempo, quizás, me demostró que yo era, soy y seré débil ante cualquier situación pero que puedo ser buena persona.
Soy débil emocionalmente y físicamente. Descubrí una verdad, algo nuevo; descubrí que estoy enferma, que quiero ser perfecta. Y que un cuerpo imperfecto refleja a una persona imperfecta. Sé que estoy en un estado, más o menos, crónico de tal enfermedad que tengo. Tengo 13 años y a veces todo se desvanece adelante de mis ojos, es ahí cuando deseo morirme y lo intento.
Duele ser joven... duele ser tan joven y sufrir tanto. Parece ser eterno, parece que su estadía es infinita.
Bueno, felices trece años querida ex mejor amiga si así se dice. Espero que la pases como te lo merecés a pesar de tus incontables errores. Y dejá que esas cicatrices estén a flor de piel, esas cicatrices en la muñeca, porque el día de mañana van a reflejar a una persona fuerte que salió adelante.
Te quiero.
jueves, 11 de octubre de 2012
Estaba triste y él me gustaba.
No lo saludaba, pero sí lo miraba. Era y es muy lindo,
muy delicado, muy bueno, muy todo. Y yo… ¿qué podemos decir de mí? Obviamente
(y desgraciadamente) siento, tengo sentimientos pero jamás los demostré. Era y
soy fría, no tan fría como antes, pero al fin y al cabo lo soy.
Conocía a su mejor amigo, pero jamás nos hablábamos, sí
nos saludábamos y cada vez que lo veía con ÉL, me iba a la mierda y un poquito
más lejos. Siempre fui muy vergonzosa, muy tímida y más con las personas
grosas, por así decirlo. Con esas que me sacan una sonrisa, con esas que me
enredan en una novela imaginaria.
En aquellos meses en que nos veíamos –pero no
cruzábamos miradas, él me miraba a mí repetidas veces- tenía el pelo largo y me
miraba con delicadeza y ternura, todo más que mezclado.
Me miraba a mí sin saber qué pasaría bastante tiempo
después y veía cómo movía la boca, dando un “sí” desinteresado. Volví a la
aburrida realidad. Si hubiera sabido desde antes qué pasaría en los eventos
futuros, la realidad no hubiese sido aburrida.
Los meses siguieron pasando y nos seguíamos mirando,
seguíamos enamorados. Mejor dicho, yo seguía enamorada, porque si bien saqué
conclusiones antes de tiempo (pero correctas) de que él sentía algo por mí, en
ese momento, me sentía enamorada y solitaria.
Llegaron las vacaciones de invierno las cuales pasé más
que bien y sin preocupaciones de por medio. Y como todo lo bueno, se fueron
bastante rápido a decir verdad. Volví a la aburrida rutina, no pensaba en él.
Hasta que un día –el cual amé, amo y amaré- me empecé a juntar con las chicas
del colegio en donde trabaja mi mamá. Son tan pocos chicos ahí que se conocen
unos con otros, saben todo. Incluso, saben cosas de mí.
La primera vez que nos sentamos en aquella escalera de
color bordó encerrada por paredes blancas y frías, me hablaron de él. Me
contaron que gustaba de mí. Al principio creí que era “así no más” como casi
siempre suele pasar, pero me demostró que estaba equivocada.
Al otro día, nos empezamos a hablar. Y me acuerdo
perfectamente de la charla, una parte:
-Vos, ¿cómo te llamás? –me preguntó alguno.
-Juana de Arco –respondí con sarcasmo.
-Qué hermoso nombre… -dijo él, el amor de mi vida.
Un viernes lluvioso, me preguntó si me gustaría ser la
novia. Dije que sí, pero no me escuchó ya que yo, como una estúpida, me tapaba
la cara.
Un lunes, a la una y media de la tarde, fui a su
colegio. Y ahí estaba él, lindo, como siempre. Me miraba, se escondía para
mirarme más de cerca y a mí… bueno, a mí me daba vergüenza.
Un martes, también lluvioso, me conecté enojadísima. Él
estaba conectado, y para colmo, me daba timidez iniciar una conversación.
Volví a la pieza, aún enojada, y alguien me había
escrito “hola”. Mi corazón empezó a latir muy fuerte.
Ese día, me cambió la vida. Me dibujó una sonrisa
diaria, me hizo reír, me hizo ser feliz.
Hay cosas que sí son imposibles, pero hay otras que no.
Te amo, mucho… muchísimo. Salí un poquito de mi mente,
dejá espacio para otras cosas, egoísta lindo.
Felices catorce años :).
miércoles, 10 de octubre de 2012
domingo, 7 de octubre de 2012
Confusión
Odio estos momentos en mi
cortísima vida.
Me confundo, lloro por
dentro (y a veces por fuera), no sé lo que quiero. Son esos momentos en los que
me enredo en mi misma.
Quiero algo inusual, algo
que jamás pensé pero después me arrepiento, sé que siempre me voy a arrepentir
de mis actos.
Escucho la lluvia chocar
contra el piso del patio, contra los charcos y contra el techo de mi pieza. Lo
miro fijamente y pienso “¿qué es lo que yo quiero?” no me quiero alejar, no me
quiero ir de vos.
Te necesito, necesito
escuchar tu voz, necesito abrazarte… necesito respirar pero siento que no
puedo, que no puedo seguir y que me estoy arrastrando por mis propias
esperanzas, pensamientos y sentimientos.
Nadie sabe cuánto te amo
y cuánto dependo de vos. Una vez más, te necesito y siento que algo me está
matando por dentro. Siento que me están acuchillando con la navaja más fría y
filosa habida y por haber… te amo, pero no te merezco. Te preocupo y te
preocupo, siento que no te hago feliz de verdad.
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